River Plate se deshizo este martes en el infierno de Belo Horizonte ante un Atlético Mineiro que acaricia la final de la Copa Libertadores tras golear 3-0 gracias al recital de Deyverson, autor de dos goles y una asistencia.

Al equipo brasileño le vale un empate y hasta perder por dos goles de diferencia en el Monumental de Buenos Aires para meterse en la final del 30 de noviembre, que se celebrará precisamente en el feudo de los ‘millonarios’.

Deyverson, incombustible, puso la primera piedra de la victoria en la primera mitad (m.22), agrandó la brecha en la segunda (m.71) y sirvió una asistencia de lujo a Paulinho (m.74) para certificar una goleada que deja al cuadro de Marcelo Gallardo al borde de la eliminación.
River se mostró inoperante y sin plan B en este partido de ida de semifinales tenso y trabado a partes iguales, y que significó además la primera derrota del equipo argentino en esta edición del torneo.
Envalentonado por su afición, el conjunto de Gabriel Milito jugó con más intensidad, más ganas y, sobre todo, tuvo más acierto. El arranque fue inmejorable de la mano de Deyverson, quien ya fue el héroe en cuartos contra Fluminense, campeón de 2023.
El exjugador de Deportivo Alavés, Levante y Getafe confirmó su presencia en los primeros minutos al balancear las redes en fuera de juego a la salida de un córner peinado por el paraguayo Júnior Alonso.
Era el primer aviso de este certero delantero brasileño, especialista en grandes citas de la Libertadores. De hecho, ya fue fundamental en la final de la Libertadores que ganó Palmeiras en 2021.
Mientras, Hulk se escoraba a la derecha y Paulinho caía por la izquierda, abriendo espacios en el centro para Deyverson.
El ariete de 33 años también mostró sus dos caras sobre el césped. La provocadora, como cuando quiso engañar al árbitro al tirarse en el área o simular agresiones del rival. Y la matadora.
Porque en el minuto 22 cazó un balón en largo de Lyanco que rebotó en Hulk, regateó con suma facilidad a Franco Armani y puso el 1-0.
River dio un paso adelante tras encajar el golpe, aunque sin mucho convencimiento.










