En un fútbol que vive al dictado del resultado inmediato, Diego Simeone y José Bordalás representan la resistencia del tiempo largo. Gobiernan con pulso firme al Atlético de Madrid y al Getafe y lo hacen desde una permanencia que hoy parece casi una extravagancia.
Son técnicos de obra lenta, de identidad reconocible, de esos que necesitan años para dejar huella y que cada vez encuentran menos espacio en un ecosistema dominado por la urgencia.
Simeone encadena quince temporadas consecutivas en el banquillo rojiblanco y ha dirigido 782 partidos oficiales. Bordalás, en dos etapas diferentes, suma nueve cursos y 334 encuentros al frente del conjunto azulón. Entre ambos aparece Ernesto Valverde, con 493 partidos en el Athletic repartidos a lo largo de diez campañas en tres etapas distintas.
Son los tres entrenadores de Primera División que más tiempo y partidos acumulan en sus respectivos clubes. El salto hacia los siguientes en la clasificación es significativo. Manuel Pellegrini cumple su sexta temporada en el Betis; Marcelino García Toral afronta la quinta en el Villarreal, como Míchel en el Girona; Claudio Giraldez (Celta), Manolo González (Espanyol) e Íñigo Pérez (Rayo Vallecano) alcanzan las tres.
El dato explica la volatilidad del cargo mejor que cualquier análisis. Once de los veinte técnicos de la categoría, el 55%, suman como mucho dos temporadas en el puesto, y ocho de ellos debutan este mismo curso.
Nombres como Guillermo Almada (Oviedo), Martín Demichelis (Mallorca), Álvaro Arbeloa (Real Madrid), Luís Castro (Levante), Quique Sánchez Flores (Getafe) o Pellegrino Matarazzo (Real Sociedad) apenas llevan meses -o incluso semanas- tras diferentes destituciones que reflejan la inestabilidad estructural del oficio.
El duelo que disputarán Atlético de Madrid y Getafe este sábado en el Metropolitano reunirá a dos entrenadores que han logrado sobrevivir en un terreno reservado a los más fuertes. Un escenario que en otros tiempos ocuparon con reinados casi irrepetibles Alex Ferguson en el Manchester United, Arsène Wenger en el Arsenal o Guy Roux en el Auxerre, ejemplos de una continuidad que hoy parece pertenecer a otra era.
El arquitecto de la estabilidad
Simeone llegó al Atlético en diciembre de 2011 para sustituir a Gregorio Manzano y su impacto fue inmediato. Aquella misma temporada conquistó la Liga Europa y al curso siguiente sumó la Supercopa de Europa y la Copa del Rey. Sobre ese impulso inicial construyó un proyecto estable que devolvió al club a la élite competitiva tras años de vaivenes.
Desde entonces ha guiado al equipo hacia dos finales de la Liga de Campeones perdidas ante el Real Madrid, ha conquistado dos Ligas (2014 y 2021), una Supercopa de España (2014), otra Liga Europa (2018) y otra Supercopa de Europa (2018). Más allá del palmarés, su mayor legado ha sido dotar al Atlético de una identidad competitiva reconocible y sostenida en el tiempo.
El oficio de la supervivencia
Bordalás nunca se ha acercado a los títulos. Tampoco era esa su misión. Su mérito ha sido otro: exprimir al máximo los recursos disponibles y convertir al Getafe en un equipo incómodo, competitivo y fiable en la frontera permanente de la permanencia.
Se sentó en el banquillo azulón en dos momentos críticos. El primero, en la temporada 2016-17, con el equipo en puestos de descenso en Segunda División tras relevar a Juan Eduardo Esnáider.
El resultado fue inmediato: logró el ascenso. El segundo llegó en abril de 2023, cuando asumió el cargo con el Getafe en la decimoctava plaza y a un punto de la salvación a falta de siete jornadas. Consiguió mantener al equipo en Primera.
Entre ambos episodios firmó campañas tranquilas, alcanzó un histórico quinto puesto en la 2018-19 y protagonizó una notable aventura europea que le llevó hasta los octavos de final de la Liga Europa tras eliminar al Ajax. La pandemia frenó aquel impulso y el Inter terminó apeando a los azulones cuando regresó la competición.
Ambos técnicos comparten una misma concepción del juego basada en la exigencia constante y en una cultura del esfuerzo innegociable. También se lanzan halagos.
«Tengo admiración por Bordalás. El trabajo que ha hecho todos estos años ha logrado generar un compromiso y una identidad de juego. Todos sabemos el partido que nos vamos a encontrar y la evolución continúa. Es un equipo que sigue evolucionando y eso depende de su entrenador», afirmó Simeone la temporada pasada.
«El Cholo Simeone es un grandísimo entrenador al cual respeto muchísimo, pero yo soy Bordalás, papá. Yo tengo mi camino, mis éxitos y espero conseguir muchos más. El Cholo ha construido un grandísimo equipo y puede sentirse muy orgulloso de ello», dijo en una rueda de prensa el técnico alicantino.
El futuro inmediato plantea incógnitas. Bordalás termina contrato al final de esta temporada, y el cambio de agencia de representación a mitad de curso invita a pensar en un posible nuevo destino. A sus 62 años, la tentación de afrontar un reto distinto, quizá de mayor dimensión, podría resultar difícil de rechazar.
Simeone, por su parte, atraviesa un buen momento tras alcanzar la final de la Copa del Rey y ganar al Tottenham (5-2) en la Liga de Campeones. Mientras, pelea por asegurar la tercera plaza en la Liga. Tiene un año más de contrato que Bordalás, pero su ciclo también tendrá algún día un final inevitable.
Cuando eso ocurra, Atlético y Getafe perderán algo más que a sus entrenadores. Perderán a dos símbolos de una época en la que la continuidad aún era posible, a dos técnicos que han demostrado que, incluso en el fútbol de la prisa, todavía hay espacio para construir proyectos con vocación de permanencia.
Síganos en FACEBOOK
Noticias del FÚTBOL MEXICANO













