Pekín, 16 jun (EFE).- El árbitro Ma Ning, apodado ‘maestro de las tarjetas’, se ha convertido en un inesperado protagonista en las redes sociales chinas por ser el único representante del país en el Mundial, con los aficionados sufriendo por una nueva ausencia de su selección y el buen arranque de rivales como Corea del Sur y Japón.
La atención sobre Ma, presentado en medios y redes como un «representante alternativo» de China en el torneo, recae en un comienzo en el que no sólo las dos selecciones mencionadas, sino también Australia e incluso Catar, han firmado buenas actuaciones de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), mientras el fútbol chino digiere una ausencia especialmente amarga, ya que el formato ha sido ampliado a 48 equipos para esta edición.
Ma Ning, de 46 años, fue incluido por la FIFA en la lista de árbitros del Mundial de 2026, cuatro años después de haber acudido a Catar 2022 sin llegar a dirigir un partido como colegiado principal.
La prensa china destaca que el árbitro, cuyo apodo responde a su reputación de estricto y tarjetero, se ha convertido en uno de los nombres más comentados del torneo antes incluso de su posible debut.
Algunos medios vinculan esa atención con el contraste entre su presencia y la ausencia de la selección nacional: en redes sociales, usuarios chinos han ironizado con que Ma no tiene «punto débil» al arbitrar porque el equipo de su país no participa en el campeonato.
En su cuenta en la red social local Weibo -equivalente local a X, censurada en el país-, donde acumula 130.000 seguidores, Ma ha publicado en los últimos días mensajes sobre su viaje al Mundial, y ha sumado miles de seguidores en los últimos días entre comentarios que lo presentan, en una mezcla de broma y orgullo, como uno de los principales rostros chinos del torneo.
En los comentarios a sus publicaciones, algunos usuarios han celebrado su presencia con mensajes como «esperando la gran actuación del maestro Ma», mientras otros han resumido la situación con un tono más amargo: «Cuando se retire Ma, no habrá ninguna cara china en un Mundial».
Su popularidad ha tenido también una derivada comercial: se ha convertido en patrocinador de marcas como la tecnológica Lenovo, el grupo lácteo Mengniu o el fabricante de electrodomésticos Hisense.
Decepción tras decepción
China no disputa una fase final de un Mundial desde 2002, su única participación hasta ahora, cuando logró el pase en una fase clasificatoria asiática sin Japón ni Corea del Sur, cuyo boleto estaba garantizado por su condición de anfitriones del torneo.
El aumento de 32 a 48 selecciones y la ampliación de las plazas asiáticas reavivaron las esperanzas, pero la selección china volvió a quedarse fuera tras una clasificación recibida con críticas de aficionados y analistas locales, que subrayaron la brecha con otros equipos de la región.
El fracaso deportivo se dio, además, en un contexto de escándalos de corrupción que han seguido erosionando la confianza en el fútbol chino, con casos como el del expresidente de la Asociación China de Fútbol (CFA) Chen Xuyuan, condenado a cadena perpetua, o el del exseleccionador nacional Li Tie -uno de los mejores jugadores de la historia del país-, sentenciado a 20 años de prisión.
«Creo que no volveré a ver a China en un Mundial en lo que me queda de vida», lamentaba resignado Hu, un aficionado local de mediana edad, en declaraciones a EFE. «Cuando veo a otras selecciones, la diferencia de nivel con China es demasiado grande», añadió.
El seguimiento del Mundial en China también estuvo marcado por la incertidumbre sobre los derechos de emisión, que no quedaron cerrados hasta mediados de mayo, a menos de un mes del inicio del torneo, tras semanas de negociaciones entre la FIFA y el Grupo de Medios de China (CMG), matriz de la televisión estatal CCTV.
El acuerdo otorgó a CMG los derechos exclusivos de retransmisión y licencia para China continental, después de discrepancias económicas entre las partes.
Hasta entonces, comentaristas chinos habían cuestionado el atractivo comercial del torneo por la ausencia de la selección nacional, el horario de madrugada de muchos partidos y el cambio de hábitos de consumo deportivo hacia plataformas digitales y vídeos cortos. EFE




















