Deportivo Alavés se hizo con una victoria de oro (2-1) ante el RCD Espanyol en Mendizorroza, un triunfo cimentado en una primera mitad eléctrica.
Ahí, la presión alta y la recuperación de balón resultaron letales.
El conjunto babazorro, impulsado por una actuación estelar del delantero argentino Lucas Boyé, se dispara en la tabla en un duelo que tuvo dos caras muy definidas.
La clave del éxito albiazul residió en asfixiar la salida de balón periquita.
Apenas a los cinco minutos, esta estrategia dio frutos: una recuperación ofensiva permitió a Denis Suárez estrenarse como goleador alavesista.
Sin embargo, fue Lucas Boyé, el ariete argentino y una de las figuras más destacadas del partido, quien asestó el golpe de gracia justo antes del descanso.
El tanto de Boyé fue un calco del primero y un ejemplo de su voracidad: robó un balón a Rubén Sánchez en campo rival y se fabricó con astucia el golazo del 2-0.
Aunque Dmitrovic le había negado el gol minutos antes, el ’15’ argentino se redimió y demostró por qué es el fichaje de impacto del Alavés.
Su desempeño físico y su capacidad para forzar el error defensivo fueron un martirio para el Espanyol.
Así, Boyé se convirtió en la pieza clave para entender el porqué del dominio local inicial.














