El SSC Nápoles exhibió su casta de campeón y se alzó con una importantísima victoria por 3-1 ante el Inter de Milán en el Estadio Diego Armando Maradona.
Un triunfo que no solo sirve de bálsamo tras dos derrotas consecutivas, sino que catapulta a los de Antonio Conte de nuevo a la cima de la Serie A.
El duelo, marcado por la tensión, la polémica arbitral y el renacer de Scott McTominay, dejó claro que la carrera por el Scudetto sigue candente.
El clásico entre dos contendientes se cocinó a fuego lento y explotó con controversia.
Una acción al límite entre Mkhitaryan y Di Lorenzo derivó en un penalti muy protestado por el Inter, señalado por el asistente y ratificado por el VAR.
A pesar de la suavidad del contacto, Kevin De Bruyne lo transformó (1-0), aunque el festejo fue amargo.
El belga se lesionó, uniéndose a la enfermería junto a su rival Lukaku, baja sensible para los nerazzurri.
La polémica encendió al Inter, que estrelló dos balones en la madera por medio de Bastoni y Dumfries.
No obstante, tras el descanso, la figura de Scott McTominay emergió con autoridad.
Libre de la banda y en posición central por la baja de De Bruyne, el escocés, MVP de la pasada temporada, desató un golazo desde fuera del área (2-0).
Un misil imparable que fusiló a Sommer y encarriló la felicidad en el Maradona.
El Inter descontó momentáneamente con un penalti de Hakan Çalhanoğlu por una mano (2-1).
Pero el ímpetu napolitano era ya incontenible.
La fuerza física se personificó en André-Frank Zambo Anguissa, quien, con un potente disparo en el minuto 66, selló el 3-1 definitivo.
El Nápoles se impuso a la polémica y a un rival directo.
Antonio Conte superó a su pasado interista en un duelo caliente, con el entrenador y Lautaro Martínez protagonizando incluso un tenso encontronazo verbal.
El campeón vigente responde a las dudas, retoma el liderato de la Serie A y vuelve a soñar en grande. La lucha por la cima está más viva que nunca.
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