Con una goleada necesaria y contundente, Bélgica aseguró el primer puesto del grupo G del Mundial 2026 tras vencer 5-1 a Nueva Zelanda en Vancouver, con doblete de Trossard y goles de De Bruyne, Lukaku y Saelemaekers en una noche que despejó dudas, aunque todavía dejó la exigencia de confirmar su recuperación ante rivales de mayor calibre.

En dieciseisavos aguarda un tercero, el próximo 1 de julio en Seattle. Corea del Sur, Ecuador, Senegal, Argelia o Austria aparecen como posibilidades en el horizonte. Por ahí circula el futuro más inmediato de Bélgica, que ha mejorado, pero que necesita más. No es baremo muy amplio ganar a Nueva Zelanda. Todavía no. Debe mostrar más ante oponentes de más calibre. Este sábado propuso 35 remates, diez entre los tres palos.

A los cinco minutos, Bélgica percibió alivio y frustración. No por sus méritos iniciales sobre el césped del BC Place de Vancouver, sino por las noticias del otro duelo del grupo: el gol de Egipto a Irán tenía un efecto contra la presión para los Diablos Rojos, a los que, bajo esos parámetros, les bastaba con el empate para ser segunda, pero era imposible ser primera. Contrastes que luego se difuminaron, en cuanto todo regresó a lo previsto.
Sin triunfos en las dos primeras citas, con sendos empates con Egipto e Irán, la única idea de Bélgica era ganar a Nueva Zelanda. No quería especular ni depender de nadie. Ya lo aprendió en Catar 2022. En una situación similar este sábado, se preparó y jugó para acabar con cualquier incertidumbre. Encerró a Nueva Zelanda con autoridad, sin tino.
Hubo una figura capital en ese arranque de encuentro, el mejor de Bélgica en este Mundial. La incursión en el once de Hans Vanaken, su llegada, su juego entre líneas, su calidad y su altura de juego promovieron los insistentes ataques. No marcó de milagro en un remate cruzado de Leandro Trossard repelido por el poste cuando pareció gol. El pase fue de Vanaken. El 1-1 de Irán a Egipto lo devolvió al mismo sitio de la inquietud. La victoria otra vez era la única vía. Y la logró.
Jeremy Doku, de inicio de nuevo en el once tras el nacimiento de su hijo (fue cambiado en el 56 por Fernández Pardo, tras su viaje a Londres), también formó parte de ese ímpetu con el que Bélgica abordó el duelo, igual que De Bruyne. Nueva Zelanda sufría, encomendado a una resistencia insostenible sin un paso adelante, con todo lo que quedaba y le esperaba al conjunto oceánico. Era cuestión de tiempo y acierto.
La revisión en el monitor anuló un penalti a favor de la selección belga por la posición natural de la mano que había señalado instantes antes. Aún debía dar más el equipo de Rudi García, todavía expuesto a la eliminación, todavía sin vencer a nadie ni ir por delante en el marcador en ningún instante del Mundial 2026. Necesitaba goles. Ya los merecía.










