Getafe, con un doblete del uruguayo Martín Satriano y con un tanto del argentino Zaid Romero, ganó 3-1 al Mallorca, se asentó en las plazas europeas y comprometió a su rival, al borde de los puestos de descenso después de una jornada repleta de marcadores adversos para sus intereses.
El Mallorca no carbura, el Getafe pega a ritmo rioplantense
Los resultados de la jornada pusieron al Mallorca frente al espejo antes siquiera de pisar el césped del Coliseum. Ganaron Levante, Espanyol y Sevilla (después, también el Alavés), todos compañeros de fatigas en esa pelea de nervio que es la salvación, donde media docena de equipos viven hacinados en una baldosa. Un territorio raro éste de la Liga, en el que un triunfo sirve tanto para escapar del miedo como para asomarse, de pronto, al balcón europeo.
Ahí andaba desde hace semanas el Getafe, aunque algo gripado últimamente, con una sola victoria en las cinco jornadas anteriores. Hizo hecho los deberes demasiado pronto, sellando la permanencia con seis fechas de adelanto, y daba la impresión de haberse relajado apenas un suspiro. Pero la derrota del Celta le abrió una puerta más ambiciosa que la Liga Conferencia: la de creer en un peldaño más alto, la Liga Europa.
Tanto Bordalás como Demichelis introdujeron piezas nuevas en el tablero. Nyom reapareció en unce acompañado por Damián, un chico recién salido del filial, mientras que el Mallorca entregó el lateral izquierdo a Orejuela, también debutante. Y precisamente ahí, en esa banda, se coció la primera herida del partido.
Durante un cuarto de hora el encuentro caminó con cautela, con un tanteo mutuo antes de dar un paso en falso. Hasta que apareció la diferencia que tantas veces decide el fútbol: la experiencia. Nyom, con 38 años y el oficio aprendido en mil batallas, le ganó la espalda a Orejuela, que apenas empieza a escribir las suyas.
Un balón largo bastó. Dos zancadas del franco camerunés, que tomó la espalda a Orejuela, línea de fondo y pase atrás. Satriano llegó como llegan los buenos delantero: para empujarla.
El gol dejó tocado al Mallorca, ya debilitado de salida por la ausencia de Samú Costa, sancionado. Perdió mando en el centro del campo y perdió llegada. Aun así, tuvo un fogonazo en un cabezazo de Muriqi al larguero, la única ocasión verdaderamente limpia del equipo de Demichelis en toda la primera mitad.
Parecía que el 1-0 iba a escoltar el partido hasta el descanso, pero otro error castigó al Mallorca. Valjent cedió de cabeza hacia atrás sin medir la posición de Leo Román; el balón sobrevoló al portero y Satriano, oportunista y voraz, apareció otra vez para empujar el desastre su doblete y su sexto gol del curso.
Demichelis reaccionó con la aparición de Pablo Torre tras el descanso. Buscó más presencia en el centro del campo, pero fue en vano, porque el Getafe se mantuvo firme, fuerte, con una presión asfixiante y con un premio que acabó con todo: falta sacada por Milla y cabezazo del argentino Zaid Romero a la red de la portería defendida por Leo Ramón.
Milla firmó su décima asistencia, una barbaridad. Sólo una menos que Lamine Yamal, el mejor pasador de la Liga. Pero esa euforia duró poco, porque instantes después Mascarell cabeceó a gol un buen pase de Pablo Torre. Fue el 3-1 y quedaban 25 minutos por delante para acometer una heroicidad que no llegó.
El Getafe, ahora sí, cerró todas sus puertas. El Mallorca no pudo abrir ninguna. Los minutos fueron pasando y el pitido final llegó como una losa para el equipo de Demichelis, que podría caer en puestos de descenso si el Girona gana su partido, y como una fiesta para el de Bordalás, séptimo, a dos puntos del sexto y con cuatro de ventaja sobre los aspirantes a arrebatarle esa posición europea.
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