La aventura de Gennaro Gattuso al frente de la selección italiana comenzó por todo lo alto, con una goleada ante Estonia (5-0) cosechada en la segunda mitad que, además de recomponer la confianza de la ‘Azzurra’ para la clasificación al Mundial 2026, devolvió la ilusión a todo un país que no acude a la gran cita desde 2014.
No tenía otra opción Italia. No tenía mucho margen de maniobra Gattuso, incluso siendo su primer partido. Ganar era obligatorio para evitar el desastre y lo hizo sin paliativos. Ante un rival claramente inferior, pero en un momento delicadísimo de la historia de la ‘Nazionale’.
Dominó sin dificultad. Fue un asedio constante. Aunque Italia volvió a exhibir su gran debe. Le cuesta un mundo hacer gol. Casi una hora de ocasiones al limbo necesitó para poder desbloquearse. A partir del primero, eso sí, cayeron todos seguidos. Una liberación de toda la presión que arrastraba en sus últimos partidos, incapaz de ser decisiva en el último tercio.
Fue valiente Gattuso y alineó a sus dos delanteros titulares, a los dos máximos goleadores de la pasada Serie A. El argentino de ascendencia italiana Mateo Retegui, en su vuelta a Bérgamo, a la que fue su casa la pasada campaña con el Atalanta; y a Moise Kean, ariete de la ‘Fiore’. Entre los dos crearon la mayor parte del peligro durante la primera mitad y entre los dos generaron el primer tanto, el más importante.
Centró Dimarco desde el perfil zurdo, prolongó de Retegui de tacón y Kean definió de cabeza. Ahí Italia, además de dominar, se desató. Y buscó recortar distancias con la diferencia de goles con Noruega, líder del grupo.










