Toque, toque y toque. Esa es la forma de entender el fútbol de Fernando Diniz, entrenador que vuelve a una final continental, con Cruzeiro, después de su triunfo en la Copa Libertadores al frente de Fluminense en 2023.
Diniz es un entrenador único en Brasil, que tiene el pase corto y el dominio del juego como un credo. Para conseguirlo, trata de jugar en superioridad numérica acumulando jugadores en zonas específicas de la cancha.
Para él, el buen juego está por encima del resultado y solo vale jugar en corto, al toque, con pases rápidos hasta en su propia área. Esta estrategia arriesgada le ha costado conceder no pocos goles ante la presión alta de sus rivales.
Por ello, el libreto de Diniz, cuando funciona, enamora a la afición, pero cuando las derrotas se acumulan, acaba rápidamente en la hoguera.
La falta de resultados positivos le costó el despido prematuro en su etapa como interino en la selección brasileña, en 2023, y en Fluminense, tan solo seis meses después de ganar la Libertadores, el único título importante de su carrera.
En Cruzeiro, donde llegó el pasado septiembre, le ha costado implantar su estilo de juego y cosechar triunfos. En diez partidos, lleva dos victorias, cuatro empates y cuatro derrotas.
En la Copa Sudamericana, solo tuvo oportunidad de dirigir a Cruzeiro en las semifinales contra Lanús. Ahora, en la final, aspira a que el título le sirva para ganarse la confianza de la hinchada, que de momento no está entusiasmada por los resultados irregulares en la Liga brasileña.










