Alba Calzado
Madrid, 15 oct (EFE).- El Real Madrid volvió a completar ante la Roma un encuentro de dos velocidades, como ya hiciera ante Espanyol, Inter o Elche, y tiró de "rebeldía" y del pie de Arda Güler para pasar del 3-1 al 3-4, pero, como dijo Mourinho, fue una rebeldía "organizada", basada en un cambio de modelo de juego y en el hambre de gol de los jugadores del banquillo.
El técnico portugués, de inicio, sacó al césped del Olímpico de Roma su ya habitual formación sin delantero centro nato, con Mbappé ocupando esa posición, y con el doble pivote Tchouaméni-Valverde. Arda Güler estaba en el banquillo, y Jude Bellingham, demasiado perdido entre dos líneas muy separadas, sin capacidad para combinar.
En la primera mitad, Tchouaméni tocó el balón 24 veces. Valverde, 23. Thibaut Courtois, desde la portería, 41, casi tantas como la suma de los dos. Solamente Vinícius (16) y Dumfries (20) participaron menos en el juego que los dos teóricos organizadores.
Además, los dos primeros tantos de la Roma llegaron, en buena medida, por la indecisión del equipo blanco en la salida del balón. Ambos se debieron a pérdidas en campo propio provocadas por la falta de opciones para mover la pelota hacia delante y una excesiva asunción de riesgos. Vinícius fue particularmente señalado en el 2-1 por intentar un taconazo en una zona del campo demasiado peligrosa, recibiendo los reproches de Mourinho desde la banda.
El portugués movió ficha cuando restaban 30 minutos de encuentro. Dio entrada a Endrick y a un Güler que, en media hora, intentó casi tantos pases (27) como Valverde (31) en 90 minutos, y tocó casi tantos balones (37) como Tchouaméni (44) en 70.
El turco, que sustituyó a Dumfries, volvió a mandar a Valverde al lateral derecho, y el Madrid terminó el partido sin centrocampistas de contención, con Bernardo Silva por Tchouaméni, y con casi toda la artillería posible, incluyendo a Endrick, Carlos Espí, Bellingham y Mbappé.
Los goles de la remontada llegaron en tres saques de esquina. El guante de Arda Güler fue tan fundamental como la cabeza de Endrick, que remató el primero para generar el rechace que convirtió Carlos Espí y anotó directamente el segundo. Rüdiger fue el encargado de cerrar el partido con el 3-4.
Mourinho recordó que el once que terminó el partido responde al contexto de estar volcados hacia la remontada y tener a la Roma cansada por el paso de los minutos. "Es una rebeldía entre comillas, porque es una rebeldía organizada, emocional, dentro de un contexto táctico que nos ha ayudado mucho", apuntó.
"Nos ha sorprendido [la Roma] en el planteamiento ofensivo, pero 90 minutos con esa intensidad no es posible. Es muy difícil para ellos jugar con la intensidad durante 90 minutos. Un par de goles que hemos sufrido no me han gustado para nada, pero son parte del fútbol", añadió.
El portugués terminó recordando que, si bien había decidido un once inicial que no terminó de funcionar, también había sido el que metió los cambios para darle la vuelta al partido. "Si salimos con los que hemos terminado, nos meten cinco. Hay momentos y momentos. Pensaba verdaderamente que en los últimos 20 minutos tenía cambios que podían hacer cosas. Dadme un poco de crédito a mí también, lo he hecho bien", declaró. EFE
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