El martes en Arlington, Erling Haaland no cometió faltas, ni las sufrió, ni cayó nunca en fuera de juego. Números extraños para un delantero. Y, sin embargo, dio la victoria a su selección. Un toque, un gol. Brasil está advertido.

Ese es Haaland, el goleador letal que espera paciente su momento. El que en su primer Mundial ya ha marcado cinco goles en tres partidos (no jugó contra Francia) y le discute a dos campeones del mundo, Leo Messi y Kylian Mbappé, el título de mejor artillero.

«Tiene una intuición que no se puede entrenar, esa habilidad para saber dónde puede haber un gol, el sentimiento de que el balón va a caer en sus pies». Su entrenador, Stale Solbakken, sabe cómo es su jugador. No le pide intensidad, sino que esté en el sitio preciso, en el momento adecuado.
Y, en eso, Braut-Haaland -como luce su camiseta desde agosto de 2025 en honor a su madre- es un especialista. El balón le acaba cayendo a los pies y, entonces, no se entretiene en regates estériles. El 85 por ciento de los goles que ha marcado con Noruega son al primer toque y desde dentro del área.
Contra Costa de Marfil anotó su sexagésimo gol con su selección y se convirtió en el artillero en activo que menos partidos ha necesitado para alcanzar esa cifra. Mbappé precisó 100 apariciones con Francia, Messi 122 con Argentina. A Haaland le ha bastado con 53.










