Un total de 114.504 socios llamados a las urnas por el FC Barcelona y dos candidatos: el abogado Joan Laporta i Estruch (Barcelona, 29 junio de 1962) y el empresario Víctor Font i Manté (Granollers, 12 agosto de 1972) para determinar quién será el presidente, para los próximos cinco años, en una escena en la que todos los focos iluminan al último presidente.
En Barcelona, planea la reelección
Y es que desde 1978, que es cuando se celebraron las primeras elecciones a la presidencia del Barça con el formato de sufragio universal y derecho a voto femenino, todos los presidentes que han accedido a la reelección, han conseguido su objetivo.
Seguramente el favoritismo de Laporta (socio 9.601) no sería tan evidente si su oposición hubiera sido capaz de articular una candidatura unitaria en la que aglutinar las diferentes opciones.
Pero como ocurre en estos casos, los ‘egos’ destruyeron la posibilidad: Marc Ciria y Xavier Vilajoana no consiguieron las firmas; ‘Som un clam’, uno de los colectivos más numerosos y activos, no dio el paso y Víctor Font se quedó solo, aunque todos estos actores preelectorales han confirmado que votarán al rival de Laporta.
Font (socio 55.406), que se presenta por segunda vez y ya perdió en 2021 ante Laporta, representa el cambio, la imagen de la profesionalidad, de un barcelonismo transversal. Sin embargo, parece tener pocas opciones ante el presidente saliente, un dirigente carismático y con tintes populistas que ha basado su campaña en pocos anuncios y en ataques directos a su adversario.
Laporta es un corredor de fondo, presidente entre 2003-2010 y desde 2021 a 2026, pero también un superviviente, capaz de salir a flote tras una moción de censura (2008) o tras sufrir una acción de responsabilidad social por parte de Sandro Rosell (2010).
El abogado representa una cosa y la contraria. Capaz de despotricar del Real Madrid y de alinearse con la entidad que preside Florentino Pérez cuando en las arcas del club catalán lucían telarañas.
Pero también de aceptar el proyecto de la Superliga y desdecirse cuando ha sentido la presión de los grandes actores del fútbol mundial. En la campaña ha hecho suya la frase: «Contra todo y contra todos» y siempre recuerda que él ha sido el único que ha salvado dos veces al Barça.
Lo hizo cuando llegó por primera vez y contra pronóstico al cargo en 2003 -el favorito indiscutible era el publicista Lluís Bassat-, después de recibir una envenenada herencia deportiva y económica de Joan Gaspart.
Recuerda que lo tuvo que volver a hacer dieciocho años después, cuando la pandemia y la errática política de Josep Maria Bartomeu, que estiró más el brazo que la manga, puso al Barça contra las cuerdas.
Font, sabedor del carisma y la intuición de Laporta, ha luchado con las pocas armas que le quedan. Se ha aliado con una plataforma de socios para intentar rascar votos de la grada, socios descontentos con la política social de Laporta, con componentes de los grupos de animación -alejados del estadio- con desencantados del Palau Blaugrana, por el poco protagonismo de las secciones, y ha armado un vistoso programa electoral.
Parece que la balanza difícilmente se va inclinar del lado del empresario. Da igual que se apunten sospechas sobre comisiones o de operaciones opacas o que The New York Times publique que el Barça con 2.500 millones de euros sea el club más endeudado de la historia.
A Laporta tampoco le influye que se considere que el Barça sea una especie de «empresa familiar» en la que trabajan su hermana Maite o su prima Marta Segú, que es la directora general de la Fundació, ni cuando desde la oposición le han afeado que su excuñado, Alejandro Echevarría, sin cargo en el organigrama, sea de los que más poder aglutinan en el club.
Y es que en el haber de Laporta pesa mucho haber rehecho el proyecto deportivo con la llegada de Hansi Flick y el papel relevante de la generación que lidera Lamine Yamal. También que en una época de vacas flacas, la directiva que preside se haya lanzado a construir un nuevo estadio, que cuando esté listo será el más grande de Europa con 105.000 asientos.
Por todo ello, quien parece que tendrá que luchar «contra todo y contra todos» será Font, que aunque ha apretado el acelerador en los últimos días con el anuncio de una opción preferencial por Erling Haaland y ha tenido la ayuda de Xavi Hernández, no ha podido contar con el elemento que podría darle todos los triunfos: el apoyo explícito de Leo Messi.
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