El descenso del Chapecoense ya es una realidad. El conjunto brasileño perdió 1-2 ante el Mirassol y confirmó su regreso a la segunda división. La derrota del martes en la Arena Condá culminó una temporada marcada por decisiones fallidas, inestabilidad deportiva y una preocupante falta de resultados. Además, el equipo llevaba 207 días sin conseguir una victoria entre el 28 de enero y el 23 de agosto, casi siete meses.
Una temporada sin estabilidad
El desenlace llegó de la manera más dolorosa para los aficionados. El Chapecoense comenzó ganando, pero terminó derrotado por un penalti polémico y un desafortunado gol en propia puerta del guardameta Anderson. El portero intentó despejar su propio rechace por encima del travesaño. Sin embargo, terminó enviando el balón al fondo de su portería.
La caída no responde únicamente a ese encuentro. El club regresó a la máxima categoría un año antes, pero nunca encontró regularidad para mantenerse entre los mejores. Su producción ofensiva también reflejó las dificultades: anotó 33 goles en los 33 partidos disputados hasta ese momento.
El primer partido del campeonato había despertado expectativas. Bajo la dirección de Gilmar Dal Pozzo, el equipo consiguió una victoria por 4-2 frente al histórico Santos. No obstante, aquella presentación terminó siendo un espejismo. En los siete encuentros siguientes sumó cuatro empates y tres derrotas.
La goleada por 4-0 ante Atlético Mineiro precipitó la salida de Dal Pozzo. Después llegó Fábio Mathias, quien debutó el 5 de abril con un empate. Sin embargo, su balance resultó insuficiente: apenas consiguió un punto de los 21 que disputó en el Brasileirão.
Posteriormente, Celso Rodrigues asumió como entrenador interino. Tampoco consiguió revertir la situación de un equipo que acumulaba resultados negativos. La diferencia económica frente a sus competidores representaba otro obstáculo importante.
Según Transfermarkt, el valor de mercado de la plantilla rondaba los 25 millones de dólares. Esa cifra equivalía a casi una décima parte de las valoraciones de Palmeiras y Flamengo, los dos primeros clasificados.
En el plano estadístico, el conjunto catarinense registraba una media de 3,5 disparos a portería por encuentro. Además, mantenía una posesión promedio del 42,5 %. Los números reflejaban sus dificultades para controlar los partidos y generar peligro constante.
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La pausa por el Mundial de selecciones, disputado en México, Canadá y Estados Unidos, ofreció una oportunidad para reconstruir el equipo. La directiva aprovechó ese periodo para modificar profundamente la plantilla y apostar por una reacción durante la segunda mitad del campeonato.
Con Rafael Lacerda al frente, el Chapecoense transfirió a 15 futbolistas y cedió a otros tres. A cambio, incorporó once jugadores con la intención de mejorar su rendimiento y escapar de los últimos puestos.
Sin embargo, las incorporaciones tampoco consiguieron transformar la dinámica deportiva. Uno de los refuerzos fue el extremo izquierdo colombiano Dylan Borrero, procedente del América de Cali. Llegó el 18 de agosto, pero apenas disputó cuatro encuentros de la Serie A, con un total de 81 minutos. Además, no registró goles ni asistencias.
Otro fichaje fue el centrocampista brasileño Yago Felipe, procedente del Sport Recife. El jugador consiguió hacerse con la titularidad desde su llegada, aunque tampoco marcó diferencias. Acumuló 834 minutos, una asistencia y tres tarjetas amarillas.
En medio de tantas dificultades, dos futbolistas destacaron por su aportación ofensiva. El extremo derecho brasileño Marcinho terminó como máximo goleador del equipo, con cinco tantos. Por su parte, el mediapunta brasileño Giovanni Augusto, de 37 años, aportó siete asistencias y dos goles.
Pese a esos esfuerzos individuales, el equipo no consiguió encontrar una identidad competitiva. La sequía de victorias se prolongó durante 207 días. Finalmente, el Chapecoense consiguió romperla el 23 de agosto frente al São Paulo.
Después también derrotó al Corinthians y al Fluminense. Sin embargo, esas victorias llegaron demasiado tarde para cambiar el destino del campeonato. El equipo ya había perdido demasiado terreno frente a sus competidores directos.
La derrota contra el Mirassol terminó de confirmar una caída que llevaba meses anunciándose. Con 21 puntos, 68 goles recibidos y solamente dos porterías imbatidas, el conjunto de Chapecó quedó matemáticamente condenado.
Además, todavía dispone de cinco partidos pendientes en el calendario del campeonato. Sin embargo, sus opciones de permanencia desaparecieron definitivamente. El equipo ya no puede alcanzar la puntuación necesaria para abandonar los puestos de descenso.
Así, el Chapecoense afrontará nuevamente la Serie B después de una temporada que evidenció sus problemas estructurales. La falta de continuidad en el banquillo, los fichajes sin resultados y la escasa capacidad ofensiva terminaron pasando factura. Su regreso a la élite duró apenas una temporada y dejó una lección dolorosa para la institución catarinense.
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