La leyenda de la ‘Naranja Mecánica’ comenzó a escribirse en la Copa Mundial de 1974 gracias a la contundencia y vistosidad que ofreció entonces una selección de Países Bajos que es hoy, tras tres finales disputadas, el equipo que más veces rozó la gloria sin lograr levantar el trofeo a pesar de enamorar a los aficionados.
Aquel revolucionario modelo de la década de los setenta, comandado sobre el césped por la genialidad de Johan Cruyff y desde el banquillo por la pizarra táctica de Rinus Michels, deslumbró al planeta bajo la premisa del ‘fútbol total’, un sistema sin futbolistas con posiciones fijas.
A pesar de adelantarse en el marcador en la gran final de Múnich 1974 mediante un penalti ejecutado por Johan Neeskens, el cuadro de Países Bajos no logró sostener la ventaja ante la solidez de la anfitriona Alemania y cayó por un ajustado 2-1 que dejó al mundo sin premiar al juego más vistoso.
La inédita racha negativa de Holanda
Apenas cuatro años después, en la edición de Argentina 1978, la escuadra neerlandesa volvió a citarse en el partido por la corona, esta vez con la notable ausencia de Cruyff.
El Estadio Monumental de Buenos Aires atestiguó otra dolorosa caída de la Oranje ante los dueños de casa por 3-1, en un duelo sumamente físico que requirió de una prórroga tras el empate a uno en el tiempo regular.
La tercera y más reciente oportunidad para sacudirse el maleficio histórico llegó en el certamen de Sudáfrica 2010. En el estadio Soccer City de Johannesburgo, una versión mucho más pragmática de Países Bajos resistió el dominio de España, pero sucumbió en el minuto 116 de la prórroga tras un agónico gol del centrocampista Andrés Iniesta.
Este particular antirécord de las tres finales disputadas sin éxito sitúa al balompié neerlandés en la cima de las naciones que se quedaron a las puertas de la grandeza absoluta, una frustrante posición en la que aparecen también Checoslovaquia y Hungría, dos potencias de época que se marcharon a casa con las manos vacías en dos ocasiones cada una.
El historial de los subcampeonatos mundiales se completa con las selecciones de Suecia y Croacia, que han perdido la única final que han disputado. Los escandinavos cedieron en el partido definitivo de su propia edición en 1958 ante el naciente brillo de Pelé, mientras que el cuadro ajedrezado firmó una campaña impecable en 2018 que acabó diluyéndose ante el poderío de Francia.
Los triunfadores también pierden No obstante, la marea de frustraciones no se ha ensañado solo con quienes nunca han alzado el trofeo, pues los países más laureados de la historia también han tenido que digerir enormes dosis de amargura en el partido de máxima presión.
Holanda y otros casos de segundo puesto
El liderato en el departamento de las finales perdidas le pertenece paradójicamente a un titán europeo: la selección de Alemania ostenta el registro más alto con cuatro subcampeonatos mundiales en sus vitrinas (1966, 1982, 1986 y 2002), una clara muestra de que el éxito recurrente exige también convivir con el sinsabor de la derrota.
En el podio de los tropiezos en la última parada secunda Argentina con tres caídas dolorosas en las ediciones de 1930, 1990 y 2014.
Por su parte, colosos de la talla de Brasil, Italia y Francia completan la estadística con dos partidos decisivos perdidos cada uno.
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