Guillermo Benavides
Pekín, 30 oct (EFE).- China es un mercado demasiado grande para ignorarlo, pero una controversia puede poner en riesgo en cuestión de horas negocios construidos durante años, como evidencian los patrocinios perdidos por Kylian Mbappé tras llamar “dictador chino” a Mao Zedong al comentar un meme.
El riesgo no se limita a los contratos de los deportistas, sino que alcanza las ventas de zapatillas, los derechos audiovisuales y la organización de torneos, con costes visibles en balances o escondidos en contratos confidenciales.
La dificultad consiste en distinguir cuánto dinero se mueve en China de cuánto llega realmente a perderse cuando una relación comercial se interrumpe.
Un mercado millonario
La NBA renovó en 2019 su acuerdo de derechos digitales con Tencent para cinco temporadas por un importe estimado en 1.500 millones de dólares, según Caixin, que citó fuentes próximas a las partes.
La plataforma china había reunido durante la temporada 2018-2019 unos 490 millones de espectadores de contenidos de la liga, según ambas compañías.
El fútbol europeo también ha apostado por ese negocio, como demuestra el acuerdo firmado en agosto entre LaLiga y China Mobile Migu para distribuir los 380 partidos de cada temporada en China continental hasta 2030, sin revelar su valor.
La exposición alcanza asimismo a los fabricantes de material deportivo, cuyos ingresos dependen directamente del consumo chino y no solo de la venta de derechos o publicidad.
En 2021, Nike y Adidas afrontaron un boicot en China después de que resurgieran declaraciones de ambas sobre sus preocupaciones por el uso de algodón de Xinjiang, una controversia que alcanzó directamente a las ventas.
Cuando la polémica llega a las cuentas
En abril de aquel año, las ventas de las tiendas oficiales de Adidas y Nike en la plataforma china Tmall cayeron un 78 % y un 59 % interanual, respectivamente, según datos de la firma estadounidense Morningstar, limitados a ese canal.
Adidas reconoció posteriormente una caída interanual del 15 % de sus ventas en Gran China durante el tercer trimestre de 2021 y citó entre sus causas la situación geopolítica, las restricciones por la pandemia y los desastres naturales, sin atribuir todo el descenso al boicot.
En las competiciones, la NBA afrontó en 2019 una crisis comercial después de que Daryl Morey, entonces directivo de los Houston Rockets, publicara un mensaje de apoyo a las protestas de Hong Kong que desencadenó suspensiones de retransmisiones y patrocinios chinos.
Su comisionado, Adam Silver, calculó en febrero de 2020 que el deterioro de las relaciones comerciales podría costarle cientos de millones de dólares, probablemente “menos de 400 millones”.
Ese octubre, ESPN informó de un impacto negativo neto de unos 200 millones de dólares en la temporada 2019-2020, según cifras compartidas con los equipos, una estimación posterior que no debe sumarse a la anterior.
En el caso actual, Dongpeng, Mengniu y Milkground anunciaron el fin de sus colaboraciones con Mbappé, pero no divulgaron el valor de los acuerdos, los pagos pendientes ni las eventuales indemnizaciones.
Los contratos de imagen pueden incluir cláusulas de conducta y reputación que permitan terminar la relación, suspender pagos o reclamar compensaciones, aunque sus efectos dependen de lo firmado y no se conocen las condiciones de los acuerdos del futbolista.
La incertidumbre alcanza también a los derechos audiovisuales: CCTV confirmó la suspensión de emisiones de LaLiga, mientras Migu, su socio digital hasta 2030, mantiene fuera de su programación el Racing de Santander-Real Madrid del domingo, según comprobó EFE, aunque conserva los otros nueve encuentros de la jornada.
La ausencia de un partido en la parrilla no equivale a rescindir un contrato de derechos, y el posible perjuicio para liga, operador y anunciantes dependerá de obligaciones de pago y duración de la interrupción todavía desconocidas.
El precio de marcharse
El riesgo también puede surgir al renunciar al mercado: la Asociación de Tenis Femenino (WTA) suspendió sus torneos en China en diciembre de 2021 por las dudas sobre la seguridad de la tenista Peng Shuai, después de que denunciara una agresión sexual de un antiguo dirigente chino.
La decisión afectó a una actividad que en 2019 había reunido nueve torneos con 30,4 millones de dólares en premios, según datos de la WTA, incluidos los 14 millones de las Finales de Shenzhen, adjudicadas a esa ciudad por diez años.
La WTA anunció su regreso en abril de 2023 y advirtió del "precio extraordinario" que supondría prolongar la ausencia para jugadoras y torneos, aunque no cuantificó las pérdidas de esa decisión.
El reto para marcas, ligas y deportistas consiste así en proteger sus contratos y repartir la exposición comercial sin confundir el tamaño del mercado chino con ingresos garantizados ni cada suspensión con una pérdida definitiva. EFE
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